Pueblo Viejo de Belchite
Belchite, es uno de los tantos ejemplos del horror de la guerra. Un pueblo entero reducido a ruinas, un recordatorio del sinsentido y la destrucción que pueden causarse entre sí personas de un mismo país, por defender dos narrativas diferentes hasta las últimas consecuencias. En la actualidad el pueblo viejo de Belchite es una ruina urbana abandonada, la cual puede ser visitada y recorrida. Sus orígenes se remontan a la era del bronce y fue habitado hasta la guerra civil española, cuando fue asediado, sus edificaciones destruidas en buena parte y su población diezmada en el frenesí de la guerra. Lo que hoy nos queda son techos abiertos por cañones, muros derruidos, casas destruidas y testimonios del horror vividos por sus habitantes y sus descendientes que mantienen la memoria del lugar. Predomina un ambiente espectral, solitario y silencioso en donde solía existir la convivencia y el intercambio desde tiempos remotos.
Plano general de el Pueblo Viejo de Belchite
Las primeras evidencias que demuestran que este asentamiento fue habitado, son pruebas arqueológicas halladas en la Cueva de los Encantados y se estiman que provienen de finales de la era de hierro y comienzos de la era de bronce (aprox. Siglo I A.C.). Existen diferentes hipótesis del origen del nombre del pueblo, pero lo más claro hasta el momento es que provenía de una tribu celtíbera denominada Bel. Es probable que estos hayan sido entrado en conflicto con los romanos ya que también su presencia se nota claramente en estos asentamientos dejando yacimientos con finas cerámicas decoradas lo que evidencia la existencia de un asentamiento estable y con acceso a rutas de comercio e intercambio. Luego hacia los Siglos VI y VII A.C. se encuentran evidencias de que el asentamiento fue ocupado por visigodos luego de la caída del imperio romano. Posteriormente Belchite comenzó a formar parte de Al-Ándalus, específicamente a la Cora Superior de Saraqusta y permanece bajo dominio musulmán hasta el 1118 D.C. Cuando el Rey Alfonso I de Aragón emprende la reconquista de este territorio. La historia medieval de este pueblo tiene su clímax en la fundación por este mismo Rey de la Cofradía de Belchite, una organización precursora a los caballeros templarios, esta orden terminó fusionándose con otras cofradías similares, en primer lugar con la Orden de Monreal, fusionándose en la “Militia Caesaraugustana” en 1136 y está más tarde fue absorbida por La Orden del Temple en 1143, mejor conocida como la Orden de los Templarios, que llegó a ser una de la fuerza militar más poderosa de la Cristiandad.
A partir de la era medieval y de la reconquista de Belchite, comenzó su “época dorada” caracterizada por obras religiosas de arquitectura barroca. Entre ellas podemos destacar el Convento de las Dominicas (o San Rafael), el Convento e Iglesia de San Agustín y el Seminario de Belchite. Estos edificios son muestra de la consolidación de Belchite como un pueblo próspero con intensa actividad constructiva y religiosa. Lamentablemente a partir del Siglo XIX las cosas comienzan a cambiar. La posición estratégica del pueblo, que la hizo importante para todos sus habitantes desde la era de bronce hasta el SXVIII, fue el motivo por el cual fuera codiciada militarmente una vez más. Durante la Guerra de Independencia, fue el centro de una gran batalla que lleva el mismo nombre del pueblo em 1809. El pueblo fue tomado por el ejército español para repeler al ejército francés lo cual se consiguió, pero no sin dejar estragos y saqueos. Tres décadas después, la guerra volvió a sus calles durante las guerras Carlistas (1838) y en 1868, con la revolución militar conocida como “La Gloriosa” que produjo un incendio en el Convento de San Agustín del cual nunca se recuperó. Con la entrada del Siglo XX, hubo un pequeño respiro y estabilidad para Belchite. Se construyó una vía férrea y el pantano de Moneva, lo que le permitió potenciar su capacidad agrícola.
En 1936 con la guerra civil, sobrevino una tragedia sin comparación sobre esta resiliente villa. La importancia estratégica de Belchite radicaba en que era un punto clave para interrumpir los suministros y comunicaciones hacia Zaragoza desde el sur, este era un objetivo militar de los Republicanos que rodearon el pueblo el 24 de agosto de 1937 mientras que en el pueblo se atrincheró un contingente militar de los nacionales. El desenlace fué una batalla brutal y sanguinaria que fué incluso descrita por Ernest Hemingway y el periodista Mikhail Koltsov. quienes relataron la toma de la ciudad como una carnicería, el saldo de muertes ronda los 5000 fallecidos entre militares y civiles en un mes de horror. El pueblo fue asediado con artillería y bombardeado por aviones reduciendo su larga historia prácticamente a escombros en cuestión de días.
Terminada la guerra en 1939. La decisión oficial fue la de no reconstruir el pueblo y que quedara como testimonio de la brutalidad de la guerra, un recordatorio vergonzoso de la matanza entre hermanos, creando un museo a cielo abierto que recuerda más a un cementerio arquitectónico y humano.
Por una parte encuentro fascinante recorrer estos espacios que sostienen cúpulas semi destruidas, bóvedas agujereadas y columnas ruinosas que evocan un tiempo de gloria pasado y que hoy nos muestran la violencia y la velocidad con la que el equilibrio en el que vivimos puede descarrilarse. Encuentro una hermosura especial en estas ruinas bañadas por la luz que se cuela por aberturas que nunca debieron existir. Las imágenes de santos y vírgenes borrados por cráteres que irónicamente también enmarcan un cielo azul. También técnicamente nada desnuda más un edificio para mostrarnos todas sus capas y secretos constructivos como una guerra moderna. Es un museo arquitectónico para satisfacer la curiosidad de cómo se construye un edificio barroco. Por la otra parte me sentiría aterrorizado de quedarme durante el anochecer en estas ruinas.
Creo que pocos lugares que he visitado pueden tener tanto sufrimiento en sus muros y callejones como Belchite. Quizas Roden, que es otro pueblo con una historia muy similar y que se encuentra en la misma zona, solo que de una escala menor y con una historia más modesta. Además la geografía de Roden nos da vistas hacia los alrededores mientras que en Belchite todo se siente contenido dentro de un valle, por lo cual lo único que puedes ver es el propio pueblo desde su interior, no permitiendo descansar la vista en las montañas apacibles, sino que nos obliga a observar cada detalle, cada grieta, cada casa destruida, cada mensaje rayado en alguna pared, como testimonio del infierno vivido durante aquellas fatídicas semanas.
El pueblo viejo de Belchite está catalogado como Bien de Interés
Fotografías por Emilio Fernández